-Nadie vence por que sí, vence el que es mejor…
-Por eso vence –completó Enherdil, en una correctísima imitación de Wethrin- ya nos lo dijiste cien veces, ya sabemos también que es la frase preferida de Bilbo, ¡y no nos sirve para nada!- concluyó casi gritando.
La imagen asustaba. Estaban en los baños, Bura parecía dormido en el agua –aunque todos sabían que seguía atento esta discusión, que se desarrollaba desde hacía varios días- Arseiltos estaba tirado en el piso, boca abajo, y su espalda tenía un aspecto terrible, parecía que lo hubiesen arrastrado con un caballo sobre un piso de canto rodado –lo que no distaba tanto de la realidad- y gruñía mientras Morelastir, pacientemente, le colocaba una pasta de aspecto desagradable y olor mas horrible aún.
Enherdil, que ya había dejado de fingir que intentaba arreglar los restos de su armadura, gritó –dejá de caminar, no puedo hablarte si te seguís moviendo!-. Wethrin detuvo su paso intranquilo, en el que se apreciaba una fuerte cojera y se sentó con la espalda en una de las bañeras.
-¿No te das cuenta? Los juegos dejaron de tener sentido el día que los instructores decidieron que no importaban las reglas, con tal de vencernos –seguía argumentando Enherdil- yo digo que cuando nos llamen nos quedemos acá, que no vayamos.
-Tenemos que ir –dijo Arseiltos, mientras una mueca de dolor cruzaba su cara- no tiene sentido rebelarnos contra lo que somos; y somos armas que ellos afilan como mejor les parece, para cerrar una vez mas el circulo, como pasó con nuestros abuelos, y los abuelos de sus abuelos.
La ira se terminó de apoderar de Enherdil, que gritó con todas sus fuerzas -¡Parecen imbéciles! ¡Si no los conociera desde hace tanto tiempo diría que los golpes les reblandecieron los cerebros, pero sé que no tienen nada que reblandecer! –luego bajó la voz –ya sé que hace incontables generaciones que los juegos son el centro del entrenamiento, y que tienen un sentido de honor, pero eso se perdió cuando los instructores decidieron que lo importante era vernos perder, aún cuando tuvieran que armar todo en nuestra contra. Que no podíamos seguir ganando.
- No seas exagerado –dijo Morelastir, mientras sostenía a Arseiltos que se debatía como una lombriz al acercarse al anzuelo- no es para tanto, sólo nos están probando, para ver hasta donde podemos llegar, cual es nuestro límite.
- ¿En serio crees que estoy exagerando? Nadie hasta nosotros tuvo nunca que jugar mas de una vez por semana, nosotros llevamos combatiendo todos los días de esta luna; siempre se respetaron los tiempos de descanso, curación y entrenamiento, a nosotros nos mandan a hacer misiones estúpidas, como la de ayer en la que se lastimó Wethrin; nos dejan sin dormir ni curarnos y encima amañan los juegos para que se nos haga casi imposible ganar. Les recuerdo que lo de hoy fue casualidad, si no hubiese sido por la sorpresa que se llevaron con el conjuro de Morelastir nunca hubiésemos podido vencer al grupo de Orgrin y los cinco guardias de la ciudad que tenían de apoyo. No se que mas quieren de nosotros.
Mientras tanto, en la misma ciudad, aunque en una zona mas elevada: -Se van a quebrar, sé lo que te digo, nadie puede soportar la presión a la que los estamos sometiendo –Jasmis Tosh mostraba un gesto increíblemente preocupado.
-Vos sos el que me metiste toda la idea de la profecía en la cabeza –dijo Laguar- por eso tuve que dejar inconciente a golpes a Orcadin, que no quería aceptar mi punto de vista, amenazar a Grifis –oh, como odio a los capitanes de los montaraces- y rogarle a Bilbo que me deje arriesgar a uno de nuestros grupos mas prometedores. Ahora no podés echarte atrás.
-¿Y si me equivoco? ¿y si estamos arruinando la vida de estos jóvenes por nada? ¿y si estamos arruinando un excelente grupo por una suposición sin sentido? He llegado a apreciarlos, me duele verlos así, deshechos.
- Vos lo dijiste, el viejo no sirve para gran cosa, ya debería dejarte el lugar en el consejo, pero en sus desvaríos sigue siendo el mejor profeta que tenemos –Laguar parecía exasperado- Y dijo que de aquél grupo en que la luz y la oscuridad se hermanan, surgirá alguien que portando una espada imbatible podrá contener las mareas que cambian. Así que te voy a repetir lo que me dijo una vez un instructor a mi: “¡Cállese soldado y actúe como un militar!.
- No me calles, sos el único a quien me atrevo a mostrarle mis dudas. Ya se que las señales son inequívocas, que los vientos del Ka están volviendo a soplar y que necesitamos un arma para estos tiempos, pero no puedo dejar de pensar en la cantidad de sufrimientos que podríamos ahorrarle a estos chicos, y en particular al montaráz: vamos a permitir que se hunda en la oscuridad, esperando que de allí renazca, cuando podríamos evitárselo sin mucho esfuerzo. ¡Va a traer muerte a lo que mas ama! Y nosotros, que lo sabemos, lo vamos a dejar seguir por ese camino, es más, lo estamos empujando.
- No estoy muy seguro de eso –el semblante de Laguar parecía de piedra, casi como una de las estatuas que pueblan las salas de trofeos- creo que el destino de estos jóvenes va mucho mas allá de nuestros designios, podemos ayudarlos a estar bien preparados para afrontarlo, pero cualquier intento por alterarlo podría ser contraproducente. No me atrevo a jugar con el Ka.
- Así sea entonces –dijo Jamis Tosh con la voz a punto de quebrarse- aumentemos el fuego de nuestra forja y veamos si el arma resiste sin quebrarse.
Golpes en la puerta y mientras Bura seguía inmutable, los cuatro restantes se miraron, silenciosos, esperando lo peor. Wethrin fue a la puerta, la abrió, y un cadete le entregó un rollo de pergamino, que leyó inmediatamente, sin ver el gesto asustando del jóven al escabullirse silenciosamente –En media hora un nuevo combate, las escuadras de Freder y Selaz.
- ¡No puede ser, dos escuadras, me niego a ir! gritó Enherdil. Yo me quedo acá, que me vengan a buscar si quieren –lagrimas de ira caían por su rostro, sin que pareciera darse cuenta.
En ese momento notaron un cambio, y todos se giraron para ver a Bura, que apenas había entornado sus ojos. –Ellos quieren cambiar las reglas, nosotros podemos hacer lo mismo.
- ¿A que te referís? –preguntó Wethrin, con obvia cara de interesado.
- No tenemos por qué seguir con su honor de batalla, que ya está perdido –contesto Bura, esbozando una sonrisa que hubiese helado a cualquiera.
- ¿Y entonces qué? –Enherdil preguntó, ansioso-
- Romper sus reglas estúpidas –fue la respuesta de Bura- Los últimos grupos, que ya nos consideraban invencibles, se quedaron abroquelados, esperando que fuésemos a tomar sus banderas, para lo que deberíamos vencer a todos y cada uno de ellos, dicen las reglas que nos vamos a pasar por el culo.
-Pero… -Morelastir parecía nervioso y buscaba a Wethrin con la mirada, como esperando apoyo- pero así es como hay que hacerlo.
- No, no –contestó Arseiltos- creo que entiendo a donde va esto, aunque la verdad, contra dos escuadras, igualmente no entiendo qué pensás hacer para que ganemos.
- ¿Y quién habló de ganar? –Bura contenía la risa- aunque puede que hasta nos den la batalla por ganada. Yo digo que prendamos fuego nuestra bandera. Así los grupos enemigos, que siguen pensando en victoria y honor, van a venir como desaforados a buscarla antes que se termine de consumir. En ese momento Morelastir va a tener que crear una sombra que permita disimular a Wethrin, que ya que no puede pelear, va a trepar por las paredes y los techos, hasta llegar a tomar su bandera, mientras nosotros los entretenemos con los trucos mas bajos que se nos ocurran –y concluyó dejando salir la carcajada que aleteaba en sus labios.
- Es lo mas idiota que he oído en mucho tiempo, prender fuego nuestra bandera e intentar ganar sin vencer a sus soldados –dijo Enherdil, comenzando a sonreír- puede funcionar.
2 comentarios:
Me hubiera gustado pelear lado a lado con el Soldado Bura.
Alguien que entiende la lucha como creo entenderla yo. Gran pérdida entre las filas de los medianos.
Espero saber llevar su memoria con honor...por más que no haya combatido con él, otra marca a Guul Pragoz en su nombre
Así que Enherdil II tenía guardados estos recuerdos que ahora vuelven a mi mente.
Recordé también que la diferencia entre un hobbit y un humano es que el hombre no puede pensar en divertirse. O se divierte o piensa. Gracias Sargento Bura!
Hoy, Capitán Wethrin
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