El golpe en la puerta de madera resonó fuertemente y levantó ecos en la cámara abandonada. Arseiltos, luego de causar el alboroto, se limitó a sacudir su mano derecha para dejar caer la sangre que chorreaban sus nudillos al piso de piedra, mientras seguía caminando, nervioso.
No era la primera vez que los viejos pisos eran regados con la sangre de guerreros jóvenes. Los dos hombres y el mediano estaban en uno de los patios de entrenamiento de la Ciudad Central, que ya prácticamente no se utilizaba más que para este tipo de reuniones clandestinas. Estaba bastante oscuro y helaba. Cada palabra, cada exhalación se veía acompañada de una pequeña nube de humo.
Los tres habían abandonado el entrenamiento, dejando a sus respectivos cuerpos, pero la golpiza que los esperaba ni siquiera cruzó por sus cabezas. La situación exigía rapidez, no había lugar para dudar.
Bura estaba sentado en el piso, con las piernas cruzadas frente a un paño azul gastado. Su ballesta estaba desarmada y él engrasaba cada pequeño mecanismo mientras seguía con la mirada a los dos hombres que se movían como posesos, pasando a escasos centímetros uno del otro sin tocarse, en lo que parecía un extraño baile, ejecutado por dementes. Sus ojos, a pesar del fantasma de burla que siempre parecía bailar tras ellos, estaban especialmente serios. Podía entender la gravedad de los hechos y de sus posibles consecuencias.
-Me dijo uno de los curadores menores que la magia fue muy fuerte, que es muy difícil que puedan salvar sus ojos -Enherdil se veía angustiado.
-No estaba autorizado a realizar conjuros tan fuertes, lo van a juzgar, será una suerte si no lo matan.
- ¿Y vos que sabés, hobbit roñoso, de lo que Morelastir podía o no podía hacer? -El montaraz se detuvo frente a Bura, amenazante.
- Es que yo, a diferencia de ustedes, burros de carga piojosos, lo escucho cuando habla; por eso me entero de las cosas. -en el rostro del pequeño no se podía ver la mínima preocupación por la amenaza. - Ahora hay que esperar, a ver que puede averiguar Wethrin. Con esa cara de estúpido y esos modos corteses puede convencer a las estatuas de la sala de trofeos de que le cuenten sobre sus creadores -sus ultimas palabras fueron un murmullo, más para si que para los demás. Como si hubiese oído el dialogo desde fuera de la sala, Wethrin entró, agitado. Evidentemente había llegado a la carrera.
- Vengo de hablar con el viejo, pude lograr que me reciba... - hizo silencio, casi teatralmente, como intentando ganar la atención que ya poseía por completo. Los tres pares de ojos estaban fijos en su rostro y hasta las veloces manos de Bura se habían detenido. El silencio parecía algo físico, como si hubieran ensordecido de repente o fueran objeto de algún hechizo.
Conciente de ello, caminó lentamente, majestuosamente, hasta donde estaba Bura sentado, se acuchilló, apoyó su espalda en la pared, se arrebujó en su capa y preguntó con rostro serio: -¿alguien tiene para fumar?
Mientras ambos hombres perdían un par de segundos en entender la irreverencia, el puño del otro mediano, certero, quirúrgico, se movió como un rayo y lo golpeó detrás de la oreja izquierda. - ¡Dejá el teatro para las barracas! ¡¡Hablá de una vez!!
- Es que... - Wethrin parecía inseguro- ... Fue muy raro lo que pasó...
Nadie dijo nada, aunque Arseiltos enarcó sus cejas y movió su cabeza, agitándola en su dirección, invitándolo a seguir, con rostro exasperado.
- Desvarió, tanto como dicen todos que hace en sus malos días, pero a pesar de todo sentí que estaba jugando conmigo. Sentí que estaba haciendo una picardía a mi costa.
-¿Pero que te dijo? - Arseiltos no solía ser paciente con los relatos largos, menos en cuanto se referían a cosas importantes, que no podía ignorar.
- Muchas, muchísimas cosas sin importancia. Me obligó a tomar cuatro tazas de un te horrible y a cada rato parecía confundirme con algún antiguo novicio, pero entre toda la maraña de palabras inútiles, finalmente habló del estudiante que quedó ciego...
-¿Que quedó ciego? -Enherdil casi gritaba- ¿así lo dijo?.
-¡Dejame terminar! Aparte, no creo que esté tan bien informado sobre eso. Lo importante que dijo fue que cuando encuentren sus firmas en el libro del almacén de suministros, lo van a juzgar seguro.
Ah, no se me había ocurrido - Enherdil sonaba pensativo -seguramente haya tenido que usar cosas indebidas para su hechizo...
- Es fácil, hay que robarlo y quemarlo -Bura se reía, contento de haber hallado una solución.
- ¿Vos pensás que es fácil violar la vigilancia del almacén de los magos? Morelastir me llevó una vez a buscar unas hierbas que no logré encontrar en el campo y los guardias se veían terribles.
- El problema es que ustedes disfrutan demasiado el tener sus cabezas pegadas al resto de sus cuerpos –la carcajada de Bura rebotó contra las paredes del salón, estruendosa- Entiendan que no hay opción. Y como sólo hay un camino…
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