lunes, 13 de diciembre de 2010

El sueño de la Ciudad II


Día en la Ciudad Bajo la Montaña

El soldado Superior Erham cruzo el patio con una capa gris cubriendo el uniforme. Las ciudades se habían vuelvo mucho mas frías desde que la central fue arrasada en la Invasión.

El enorme espacio vacío sin fuegos, sin gente, casi sin edificios, y con todos esos malos recuerdos, hacia que sin importar cuantas veces los Ingenieros revisaran y sellaran los ductos, el frió se extendía desde ahí.

Ese día terrible era solamente un soldado joven, miembro del Cuerpo de Guerreros, de tercer Grado. Su cuartel estaba en la ciudad Este, la más próxima a las grandes montañas.

No importo cuanto tiempo habían practicado todo.
Nadie podía creer lo que ocurría cuando sonó la alarma de ataque.
Y mucho menos cuando se les ordeno ponerse la armadura completa de batalla, para repeler a enemigos dentro de la propia fortaleza.

Pasó un poco más de un año, pero podía decir sin temor a equivocarse, que en ese entonces era joven.
Ahora solo lo parecía.

Saludo con una inclinación de cabeza a los dos soldados de las Tropas de Asalto Pesado apostados en la puerta de la Torre del General.

Cerró los ojos y apretó las mandíbulas para pasar el dintel de la puerta.
Como siempre, una fuerza tenaz lo hizo aminorar el paso, le lleno la mente de imágenes terribles, y lo hizo sentir que el suelo bajo sus pies se desvanecía, dejándolo caer en un abismo negro sin fondo.
Apretó los parpados y le dolieron los dientes mientras seguía caminando por inercia. Todo su ser le decía que caía a la nada. Siguió adelante, hasta que el piso volvió bajo sus botas.
Se detuvo a respirar y abrió los ojos. Solo había caminado 5 metros desde la puerta de la torre.

-¡Malditos brujos!- Mascullo en voz alta, sabiendo que lo escuchaban.
-Bienvenido soldado- lo saludo Proleos.
El mago le sonrió amablemente, mientras sus ojos de serpiente lo escrutaban.
-Llegas tarde soldado, espero que tengas alguna excusa para darle al General.
-El General va a decirme si tengo que darle alguna excusa o no, gracias por preocuparte Proleos.

Subió la escalera hasta su altura, y se detuvo de golpe, superaba al mago en altura por más de una cabeza.
Mirándolo fijo, movió rápidamente los hombros amenazando un ataque.
Proleos se sobresalto y retrocedió un paso, mirándolo con furia.

-Si no estuviéramos en la Torre tu insolencia no quedaría impune soldado- Siseo el mago enfurecido.
-Si no estuviéramos en la Torre, no tendrías tiempo de hacer alguno de tus trucos- Le sonrío y subió la escalera a los saltos.

Erham sabía que podía molestar y asustar al mago con la violencia física, tan ajena a el, así como sabia también que no tenia ninguna oportunidad si alguna vez realmente peleaban. Tendría que sorprenderlo totalmente.

Llego al primer piso y recorrió el pasillo central con paso rápido, el mago tenía razón. Estaba llegando tarde.
Esperaba que el General lo pasara por alto considerando las noticias que traía.
Subió la escalera al segundo piso intranquilo.

Se decía que además de los dos mejores hombres de las Tropas de Asalto Pesado, y Proleos, uno de los magos más fuertes, en el primer piso y en el segundo de la Torre estaban escondidos algunos de los feroces Soldados Lobo.

Nunca los vio, ni escucho nada, ninguna evidencia de que fuera posible que alguien más estuviera en la Torre.

Igualmente sus instintos le decían que era vigilado, y tenía miedo siempre que subía solo.
Esa era toda la prueba que necesitaba un soldado.

Doblo hacia la derecha en el salón del segundo piso y llego ante la puerta del General.
Dio dos golpes y espero.
Nada.

Volvió a golpear dos veces.
Nada.

Tomo aire, y entro en el cuarto con los brazos separados y alerta.
Lo primero que vio fue el cuarto vacío, lo siguiente fue una parte del techo, y luego choco violentamente en el piso, rebotando hacia la mesa de reuniones.
El impacto lo dejo sin aire, igualmente pudo rodar sobre si mismo y levantarse desenvainando su espada y con las piernas separadas.

Arseiltos lo miraba desde el otro extremo del cuarto, cerca de la puerta.

-Llegas tarde Erham-  lo miro pensando en el pasado. Alguna vez fue como el.
-General, puedo explicarme. Llegue tarde por que fui a la muralla Oeste a recibir el grupo que envío. Llego dos días antes de lo previsto  y…-
-¿Por que tardaste tanto en venir a buscarme? ¿Te volviste completamente idiota o te estas convirtiendo en un orco? – Lo interrumpió gritándole.

Erham se callo y bajo la vista nervioso. Cuando termino de gritar, Arseiltos se arrepintió.
-Lo estoy tratando mal por que no puedo dormir no recuerdo ya desde cuando, y el chico no se lo merece. Me estoy convirtiendo en un tirano, pensó con tristeza para sus adentros.
Ahora el daño ya estaba hecho. Seria aun mas extraño que se disculpara. La maldición del mando.

-Vamos a sentarnos a desayunar, mientras me pasas todo el informe.
-Señor, pido permiso para sentarme- Erham sabia que estaba en un delicado equilibrio.

Arseiltos era un buen hombre y un General soberbio.
Probablemente el mejor que tuvo el pueblo de los Dunedain desde tiempos inmemoriales.
Sabía sin ser un genio de la estrategia que estaba bajo una presión tremenda, sin contar con la Guerra Civil.
La mejor ayuda que podía darle a ese hombre admirable era acompañarlo y seguir sus órdenes.

-Concedido soldado.- Mientras le respondía abrió un armario y saco galletas y leche de una jarra. Las galletas le hicieron acordar por un momento a Wethrin y a Bura. Parecía una eternidad desde la última vez que habían comido galletas de viaje todos juntos.
Un dolor profundo le recorrió el espíritu. Puso las galletas en un plato de loza para recuperar el aplomo.
-Los hombres nacidos para el mando están solos, es la única forma en que pueden soportar el peso de decidir sobre la muerte de tantos amigos-
Como siempre la voz de su maestro estaba ahí para ayudarlo. Lawar lo había convertido en el hombre que era. El entendía su soledad. El mismo había tomado decisiones salvajes toda su vida. Hasta el punto de enviar a su propio hijo a los Campos de Hielo.

Puso una taza para cada uno, y se sentó en un lateral de la mesa.
Solo cuando le hizo un gesto con la cabeza Erham se sentó también enfrente de el.
Le alcanzo la taza, y dejo el plato al medio. Muchas veces se maravillaba de esos simples rituales. Lo hacían sentir mas normal.

-Adelante Erham, te escucho.
-Lamento no buscarlo antes, yo..
-Ya esta saldado, continua con el informe.
-La patrulla volvió completa, pero con 4 miembros heridos de mucha gravedad.
-Lograron pasar casi todo el cerco del Imperio hacia el mar. Aumentaron muchísimo la concentración de tropas y tienen cuerpos de Elite apostados.
-Tenemos muy buena información de sus números y disposiciones. Por más que en el sur el Imperio esta sumergido en el caos, el que sea el Comandante de toda esta zona mantiene sus tropas en línea.
- Llegaron a ver el Domo de Niebla más cerca que nunca antes, pero fueron descubiertos. Un verdadero milagro los salvo y les permitió regresar. Realmente no me lo explico. Estaban casi completamente del otro lado de las líneas enemigas.
-Los magos que fueron con ellos, ¿que dijeron?- Inquirió.
-Los magos nunca hablan mucho con los soldados Señor. Me dijeron que había otros magos muy poderosos en las líneas Imperiales.
-Y también uno de ellos me dijo que el Domo los ayudo.
-Imposible, habladurías de magos-retruco Arseiltos.

-Entonces, volvieron todos, y tienen los datos. Cítalos mañana a la noche. Ahora tienen que descansar y reponerse.
-Quiero que veas que estén bien atendidos y sobre todo, que nadie más se entere, como acordamos en principio. Te recuerdo que esta misión debe ser un absoluto secreto, siempre.
-Si Señor, así se hará. Juro llevar el secreto a la tumba conmigo.
-Tene mucho cuidado de hacer un juramento así Erham.- El ceño serio de Arseiltos preocupo visiblemente al joven soldado.
-Estamos jugando un juego muy peligroso, si se sabe, podemos ser ejecutados por Alta Traición, todos.
-Si Señor. No lo olvido. Y dije la verdad recién.
-Lo se. Por eso confío en vos. Pero no quiero perderlos a todos. Ya tengo suficientes muertes en mis manos.
-Ahora anda, y descansa también. Hoy voy a supervisar las obras de reconstrucción de Ciudad Central. Voy con custodia así que no hace falta que vengas.
Se levanto para dar por terminada la reunión.
Le dio un apretón de manos, y lo despidió.
Sintió la fuerza de su juventud y el calor de su sangre en ese apretón.  El chico era capaz de tirarse por la ventana si se lo pedía.
Así de vulnerable era.

Erham salio con una sensación de congoja y emoción en el pecho.

-Estoy dispuesto a morir por usted General- Nada de lo que diga va a cambiar eso pensó para si mismo.

Recorrió rápidamente la torre hacia la planta baja.
La sensación de miedo en la boca del estomago le subió hasta la garganta como un abanico de gustos amargos.
Un principio de vomito. Inspiro por la nariz, y se controlo.
Antes de darse cuenta, estaba cerca de la puerta, y del abismo.
Cerró los ojos como siempre, y troto.
Esta vez pudo pasar como si nada existiera más que una puerta.
Mentalmente lo agradeció al mago. De alguna forma se apiado de el en esta ocasión.

El aire frío de la mañana lo refresco cuando cruzo la plaza de nuevo en dirección a los cuarteles de la Ciudad Este.
Dio un largo rodeo, paso por los cuarteles, se reporto, y salio con cualquier excusa.
En una casona grande de la Ciudad Este descansaba el grupo secreto de Arseiltos, ignorado por todos, salvo los pocos en los que el General había confiado.

Arseiltos vio a Erham cruzar la plaza de diseños geométricos. Por un momento entrecerró los ojos, y volvió a ver la sangre.
-Espero no tener la tuya en las manos, mi amigo-Dijo casi en un susurro.

Cerró los ojos, y llamo a Proleos.
Como siempre, en un instante el mago se apareció a su lado, de la nada misma.

-Proleos, la misión fue un éxito. Por desgracia no pasaron las líneas Imperiales, pero lograron llamar la atención del Domo.

-De ninguna otra forma podrían haber regresado. El Domo los ayudo a confundir a los buscadores y cazadores Imperiales.

-¿Pensas lo mismo?-

-Si.- Acabo de hablar con Maeglor y Ceren. Una fuerza tremenda del Domo los noto, y los ayudo. Nublo la visión de todos los cazadores, y les dio energía para volver desde donde estaban casi hasta nuestras líneas.

-Excelente. Hoy a la tarde quiero que vengas conmigo a la Ciudad Central. Vamos a seguir buscando rastros de visitantes.

-Si señor.
-¿No íbamos a supervisar las obras?- le pregunto sonriendo con malicia.
-Si, vamos a ver las obras y a buscar en los cimientos que no tengamos mas accidentes con visitantes o aparecidos.-

Estaba por despedir al mago, cuando percibió un fuerte sentimiento de ira contenida.

-Habla ya, Proleos.

El mago salto como tocado por un hierro caliente. Lo miro sorprendido.

-No soy un guerrero común Proleos, deberías recordarlo mas seguido.

-Señor..es que..-

El mago apretó los labios. Trato de ordenar sus pensamientos y serenar su mente.

-Escupilo- Le espeto Arseiltos.

Toda una vida de tratar y manipular las emociones de sus soldados y amigos le había enseñado que a veces no hay mejor remedio que dejar que un hombre explote y se libere. Este era uno de esos momentos.

-Arriesgamos la vida de dos grandes magos, seis guerreros de máxima graduación, 3 montaraces y 6 asesinos selectos, sin contar con las vidas de todos los que ayudamos a ocultar esta misión de todas las autoridades, desobedeciendo a todos nuestros mandos y estructuras deliberadamente, solo para que no crucen las líneas, y tengan que volver heridos, casi muertos.
-Aun nos pueden descubrir, y podemos desatar un enorme conflicto. No entiendo como puede decir que ese desastre del que casi no escapan fue un éxito. Nos uso a todos para sacarse la duda, para ver si era posible que pasaran la línea.

Proleos respiraba agitado…se sentía mejor, y entendía que había ofendido gravemente a su jefe. Se había excedido.

-Proleos, todo lo que dijiste es cierto. Los use a todos para hacer una prueba. Y la prueba fue un éxito.- Le dijo con una voz fría e incuestionable. Una autoridad feroz emanaba de su voz.
-Un grupo tan excepcional como ese tiene una posibilidad aceptable de lograr cruzar la línea. Pero de ser descubiertos estarían completamente perdidos.
-De modo que las opciones son lograr cruzar la línea y tener que quedarse del otro lado, arriesgarse a entrar el Domo, sin certezas de que sea posible, o aceptar la muerte antes que la captura en las líneas Imperiales.

-El experimento nos probó que un grupo como ese puede casi cruzar la línea, nos da una calibración de fuerzas.
-El Domo es realmente inteligente como suponíamos, o es controlado por seres inteligentes.
-Son enemigos del Imperio también.
-Tuvo la opción de no hacer nada por nuestros hombres, y eligió ayudarnos. Tomo una decisión completamente inteligente, y nos dejo conocer su alineamiento también.
-Todo eso nos demuestra que estamos ante aliados potenciales Proleos.
-Todas esas certezas valen la vida de todos y cada uno de los involucrados. El mundo como lo conocemos va a cambiar mucho en poco tiempo, muchísimo mas de lo que podes imaginar.
-Estoy preparándome para dirigir la tormenta, o dejar la información para otros si no llego a vivir lo suficiente.
-¿Entendiste Proleos?- Le susurro mientras le clavaba los ojos con ferocidad.
El mago bajo la cabeza,  abrumado por la frialdad y por la lógica aplastante del razonamiento.
Agradeció en lo más íntimo no tener que tomar decisiones como esas.

-Gracias General. Le pido perdón.-
-Estas disculpado. Nos vemos a las 4 de la tarde en el portal de Cuidad Central. Podes retirarte.

Finalmente se quedo solo en el cuarto de la Torre.  Solo con todos sus pensamientos.
En el Ojo de su Mente, veía la tormenta formarse sobre el mundo.
-Espero llegar a tiempo.-

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